Les epidèmies de Barcelona de 1589, 1651 i 1821 i el convent de Sant Josep

La pesta de 1589

El 1586 es fundava a Barcelona el primer convent de carmelites descalços a Catalunya. Tres anys després, el 1589, una pesta assolà Catalunya, i els frares del convent de Sant Josep s’oferiren a les autoritats municipals per atendre les necessitats espirituals dels malalts del contagi. Dos frares josepets que prengueren part en aquestes tasques assistencials en deixaren testimoni en segles relacions: una és la deguda al frare andalús Francisco de Jesús María, Ventaja, i l’altra, a Dídac de la Pau, Castelló (1557-1628), ambdues editades per Gabriel Beltran.[1] El cronista Joan de Sant Josep dedica el capítol XVII dels seus annals a aquest episodi històric: “Entra la pesta en Barcelona; y con grande fervor y exemplo sirven en ella nuestros clérigos”.[2]

Una tercera descripció de l’activitat dels religiosos del convent de Sant Josep durant la pesta és la continguda en el llibre d’elogis de la comunitat:[3]

[…] por los años del Señor de 1589 susedió en esta Ciudad de Barcelona aquella tan cruel pestilencia que en breve tiempo despidió muchos millares de personas, la qual començó por el mes de junio o de julio de dicho año. En esta ocasión, para consolar y ayudar a bien morir a los apestados y servirles en los hospitales por faltar ministros que les ministrassen los Santos sacramentos, hizo este collegio y su retor un grande servicio a la Ciudad y su Consejo, y fue ofrezerles media dozena de religiosos, los quales ayudassen y serviessen en dichos ministerios. Y, en caso que estos muriessen en tan santo enpleo, ofrezió los que fueren menester, o por major dezir, todos se ofrezieron. Agradezió la Ciudad, como era razón, el ofrezimiento en ocasion tan urgente y, aceptada, començóse a poner en execución, como diré. Fue este exemplo de nuestros padres motivo para que las demás religiones hiziessen otro tanto.

Los seis religiosos señalados se repartieron en tres partes, dos en el Hospital que señaló la Ciudad para curar los apestados fuera del Portal Nou, que antes avía sido convento de frayles de San Francisco de Paula; otros dos se inbiaron en un convento que está extramuros del Portal de San Daniel, que antiguamente fue convento de monjas dominicas, y en essa ocasión sirvió de hospital para los apestados. Los otros dos estevan en una casa pegada a este collegio, de donde salían quando les llamaban, y aún sin ser llamados, para ministrar los sacramentos a los apestados de la Ciudad. Estos salían a todas horas, assí de noche como de día, tocando una campanilla para que fuessen conozidos de quien los avía de menester, y tanbién llevavan una cruz en las manos, a estos les davan del convento lo nesesario para su comida, y lo demás que era menester, por un torno o ventanilla por donde se comunicavan, porque una vez estando en la casa no bolvían más al convento para no apestar a los de él.

Entre los religiosos que andavan ocupados en este santo ministerio, que se apestaron, y fue Dios servido que no muriessen, heran los siguientes:

El primero y principal fue el P. Fr. Diego de la Paz, catalán, natural de las Puellas, por sobrenombre llamado Castelló. A este padre avía enbiado la santa obediencia del convento de Tarragona para ayudar a los apestados, morava en la casita pegada a nuestro convento, en compañía del hermano Pedro de Christo, donado, que tanbién se apartó. Salían todos los días, y de noche, quando les llamaban para confessar por la ciudad, con un Christo en la mano y la campanilla en la otra, para que los que estevan enfermos en las casas los oyessen quando passavan. En este exercicio duró mucho tienpo, en el qual confessó muchíssima gente, y le passaron cosas extraordinarias de temor. A lo último se vino a apestar, y estando con la calentura le vino a llamar un hermano, que servía a las religiosas de los Ángeles, para que fuesse a confessar un hombre que se esteva muriendo sin confessión. Rehusava el Padre de ir, por estar muy apretado y sin fuerzas, pero viendo la urgente nesesidad, y que sin remedio se muría por no hallar otro confessor, se levantó y fue a confessarle. Fue tan agradable a Nuestro Señor este acto que quando volvió a casa se halló salvo y bueno, y assí pudo perseverar, asta la fin de la peste.

El P. Fr. Pedro de la Natividad o de la Purificación, castellano viejo, y el P. Fr. Francisco de Jesús, alias Ventaja, andaluz de nación, estaban repartidos en los hospitales sobredichos, los quales se encargaron de acudir a los apestados que avía en ellos. Estos no solo hazían el oficio de curas, ministrándoles los Santos sacramentos, sino tanbién de enfermeros, curándoles los cuerpos. Estos buenos padres tanbién se apestaron, aunque en diversos tiempos, y quando lo estaba el uno el otro lo iba a confessar, y tanbién a sus enfermos; y después el otro le pagó con la misma moneda, haziendo otro tanto. Padezieron lo que verdaderamente no se puede dezir, muriendo cada día muchas vezes. El quarto que se apestó fue el hermano fray Bartholomé del Santíssimo Sacramento, hermano lego, castellano, tenido por santo, como en su vida se dirá en las crónicas de la orden, tomo 3, libro 12, cap. 31; y el quinto fue el hermano Pedro de Christo, hermano donado, natural de Castilla la Nueva, que oy vive.

Murieron en tan santo enpleo estos sinco religiosos y fueron los primeros que este collegio inbió al cielo, después de tres años y medio que estaba fundado. El santo P. Fr. Francisco de la Cruz; el santo P Fr. Francisco de los Santos; el santo P. Fr. Alonso de San Alberto. Estos tres murieron apestados, y están enterrados en el Hospital en que murieron, que era del convento viejo de San Francisco de Paula, como queda dicho. El santo hermano Fr. Vicente de N., este hermano era lego, medio hermano del P. Fr. Francisco de la Virgen, navarro de nación, que ha sido prior de esta casa y provincial de la provincia, este santo murió sirviendo a los apestados en los Ángeles Viejos, a donde está enterrado.

El P. Fr. Pedro de Santa María o de la Virgen, este santo padre se apestó oyendo confessiones dentro del convento; está enterrado en él y es el primero de los religiosos que murieron en este collegio. Con justa razón se pueden y deven llamarse Santos estos sinco religiosos que de tan buena voluntat y gana dieron sus vides por la salud espiritual y tenporal de sus hermanos, y no solo llamarse Santos, mas también Santos mártires, porque padezieron el martirio de misericordia y piedad. Porque como a tales propone nuestra santa madre la Iglesia Romana en su Martirilogio, a los 28 de febrero, una muchedumbre de Santos sacerdotes, diáconos y seglares, los quales en una gravíssima peste ubo en la Ciudad de Alejandría de Egipto, en tienpo del emperador Valeriano, dize de esta manera […]

Deu anys després es produí un intens focus de pesta a les terres de ponent. El 12 de juny de 1599 tres carmelites descalços del convent de Sant Josep de Lleida es desplaçaren a Bellpuig per auxiliar els contagiats de la vila; tots tres perderen la vida atenent els malalts i administrant els sagraments. Aquest episodi, i el seu relat en la historiografia posterior de l’orde, ha estat estudiat per Joan Mahiques Climent.[4]

Opere di San Giovanni della Croce. Primo Carmelitano Scalzo, di alcuni trattati inediti accresciute e in moltissimi luoghi mancanti alla integrità degli originali restituite […], Venècia: Stefano Orlandini, 1748.

La pesta de 1650-1651

L’any 1650 arribà a Catalunya, en la fase final de la guerra dels Segadors, l’anomenada gran pesta mediterrània (1647-1651), i després d’haver causat estralls i delmat la població al sud i el llevant peninsular, el contagi anà enfilant de sud a nord, de València fins a Tortosa i Tarragona, i arribà a Girona i Barcelona.[5]

Aquell mateix any 1650 Girona resultà seriosament damnada pel flagell de la pesta. La crònica de Jeroni de Real recull les xifres dels religiosos que moriren per haver-se contagiat anant a confessar i administrar els darrers sagraments a les cases: el major nombre correspon als carmelites descalços del convent de Sant Josep, que perderen 18 frares, seguits de 12 jesuïtes, 13 franciscans, 7 carmelites calçats, 3 mercedaris, 3 religiosos de sant Francesc de Paula, 3 dominics i 2 agustinians. Vuit d’aquells frares descalços moriren a la Morberia de Girona, situada al convent del Carme, on es concentrava l’atenció als empestats.[6]

A Barcelona la pesta provocà una gran mortaldat: els càlculs de la devastació demogràfica a la capital catalana pugen fins a les 10.000 víctimes. La incidència de l’epidèmia i el setge de Barcelona obligaren, el 7 de setembre de 1651, a traslladar-hi novament el noviciat de l’orde, que des del 7 d’agost de 1647 estava a Gràcia, “per ocasió de la peste que [h]i avia en aquell convent y del serco que posà lo Rey a esta ciutat”.[7]

El llibre d’elogis de difunts del convent de Sant Josep de Barcelona proporciona, novament, valuoses informacions sobre l’afectació de la pesta entre els religiosos del convent: fins a 18 religiosos perderen la vida.[8] El contagi començà a afectar els frares del convent des de mitjan mes d’abril de 1651, quan moriren, víctimes del contagi, dos religiosos; dos més perderen la vida el mes de maig; però el moment àlgid va ser el juliol, amb nou decessos en la comunitat; el mes de juliol es produïren dos òbits, i un més durant l’agost. El gener de 1652 i el 26 de juny de 1653 s’enregistrà, respectivament, la mort d’un religiós per causa de la pesta.

El primer religiós de la comunitat que morí de pesta fou Jeroni de Sant Josep, Parets (1618-1651), nascut a Terrassa, que el 14 d’abril de 1651, es contagià per contacte amb els feligresos durant la primera missa que oficià:

El mal que le quitó la vida fue el de la peste, la qual se la apegó, a lo que se presume, el día de Pasqua de Resurrección, que cantó la primera missa, al dar la mano a besar al pueblo, porque el día siguiente se halló enpestado, y así no dijo más que dos missas, y tres, con la primera que cantó.

El contagi s’expandia, i no sempre es veia venir, confós amb símptomes habituals d’altres dolències: el 20 d’abril, sis dies després de manifestar-se el primer cas de pesta en el convent, moria Josep de Sant Llorenç, Pelarroger (c. 1591-1651), natural d’Olot:

no obstante que no pensaba estar herido de aquel contagioso mal, sino solo de dolor de hijada, de que de ordinario padezía, pero dentro de dos o tres días se manifestó su malicia con una vértula.

En endavant els religiosos van prendre mesures en previsió que l’increment de decessos de la comunitat no permetés sebollir-los en la sepultura situada sota la nau de l’església de Sant Josep, i s’habilità un nou lloc d’enterrament, en un racó de l’horta conventual, al costat de la petita ermita on a vegades es retiraven els religiosos per fer exercicis espirituals, tal i com es narra en la necrologia del germà llec Joan de la Visitació, Farga Plata (c. 1608-1651), originari de Labarta, del bisbat occità de Comenge, que moria el 6 de maig de 1651:

Fue enterrado en el güerto de la ermita, adonde también están enterrados los dos religiosos immediatos pasados, que por estar enpestados no los enterraron en el convento y carnero ordinario sonde se enterravan los demás religiosos.

A partir del mes de maig, el Consell de Cent, les parròquies i els convents organitzaren l’assistència als malalts en diverses zones, segons criteris de proximitat a les esglésies, però els frares no negaven pas l’auxili espiritual a ningú que el necessités, independentment de l’hora o de la llunyania. Hilari dels Reis, Messina (c. 1616-1651), d’Oms, al Rosselló, moria el 19 de maig de 1651, quan feia un mes que atenia els empestats:

después de aver ejercitado el dar o administrar los sacramentos a los apestados por espacio de un mes, acudiendo con mucha solicitud a la parte de la ciudad donde le avían señalado, y era tanta su charidad que no se limitava a solos los señalados por la Ciudad, sino de qualquier parte que le llamasen para ministrar los sacramentos, a qualquier hora y aunque fuesse más lejos de su puesto acudía […] estava tan cevado en las obras de caridad, aunque con tanto peligro de su vida, que no bastavan las reprensiones de los médicos y cirujanos, quando le hallavan en otro distrito del suyo, y assí quando venían a llamarle de partes que él no tenía a su cargo los médicos y cirujanos que estavan en su compañía y los de la casa le negavan, y se tiene a providencia particular del Señor el que passase tanto tienpo sin herirse guardándose tan poco como se guardava y tomando un travajo tan eszesivo. Exercitó su oficio con opinión de santo. Al cabo de dicho mes se apestó, vino a la casa cerca de este convento a donde avían muerto los tres religiosos immediatamente passados y allí fue servido y asistido de sus hermanos. Al cabo de 4 días se lo llevo el Señor al Cielo […].

Dins els murs conventuals eren els frares llecs qui portaven el pes de l’atenció a la infermeria. El germà Pere de Sant Josep, Canaletas Garreta (c. 1617-1655), fill del doctor en medicina Pere Canaletes, d’Igualada, moria el 5 de juny:

Murió sirviendo a los religiosos de casa que estaban apestados con grandíssima charidad y amor entrañable, no perdonando a ninguno trabaxo para asestir a sus afligidos hermanos. Suplicava al Señor muy de corazón le diesse salud todo el tiempo del contagio a fin de poder servir y regalar a sus hermanos enfermos de él […].

Els signes externs visibles de la malaltia són descrits en la notícia de la mort de Rafael de Sant Joan, Valancàs Amich (c. 1621-1651), de Pujols, el 7 de juny: “fue herido con dos vértulas y con sinco o seis carbunclos”. Les vèrtoles eren els ganglis inflamats per la infecció. Els carboncles eren tumors virulents, gangrenosos i malignes, de color negrós, que produïen ràpidament la infecció total de la sang.

Aviat les parròquies de la ciutat necessitaren més sacerdots per poder administrar els sagraments als malalts agonitzants, i alguns frares descalços s’afegiren al clergat de Santa Maria del Mar, com Eliseu dels Àngels, Feras (c. 1594-1651), de l’Hospitalet, que morí el 7 de juny, després de quinze dies de prestar servei:

aviendo sido un gran ministro del santo sacramento de la penitencia, aplicado a ministrar a la gente pobrecita, como a más necesitada y menos asistida. Viendo pues su mucha caridad que el año de 1651 avía en esta ciudad un fuego tan grande de peste, y que muchos se morían sin confessión ni comunión, le llegó al corazón, y así se ofreció con sumo gusto a dar la vida corporal a trueque que sus hermanos no perdiesen la espiritual y eterna, donde más se experimentó esto era o fue en la parrochia de Santa María del Mar, por ser la más estendida. Viendo pues el perlado el grande fervor con que nuestro Eliseo le pedía le dexasse acudir a sus próximos se lo concedió, avida la licencia y bendición de su superior, tomó la derrota así de la parrochia de Santa María, donde ya los ministros faltavan. Le dieron los administradores de dicha parrochia el cargo de vicario mayor de su iglesia, donde los quinze días que le duró la vida hizo maravillas en este santo y apostólico ministerio de ministrar los sacramentos, no estando limitado su abrazada charidad a la parrochia de Santa María de la Mar, sino que se metía por las demás, por saber estaban sin retores, ni curas, por aver muerto, y así, faltos de ministros con que discurría por todas partes como un rayo del fuego divino que abrazava su alma, al cabo de 15 días de este santo exercicio se halló mortalmente herido del contagio y, dende Santa María, puesto en un féretro le llevaron a nuestro convento.

El 14 de juny es produïa l’òbit de l’altre frare que es va fer càrrec de l’atenció als malalts a la parròquia del Mar, Joan de Santa Anna, Vidal Moran (1611-1651), de Balaguer:

Con mucha razón se le da a este dicho religioso el título de santo, y lo propio digo de los passados que acabaron su vida en servicio de sus hermanos apestados, dándola porque ellos fuessen socorridos en la mayor necesidad, pues no hicieron otra cosa aquellos cathólicos que haze mención el Martirilogio romano a 28 de febrero que estar sirviendo en la peste de Alexandría y se les llama santos mártires de la charidad, etc. […] Murió a 14 de junio día de nuestro padre san Eliseo de 1651, y fue del contagio, después de aver servido y ministrado los santos sacramentos, como a vicario que fue de Santa María del Mar. Era de muy pocas fuerzas, y solo las de la charidad le pudieron mantener en lo trabaxoso y pesado del ministerio. Sinco y nomás fueron los días que pudo hazer su oficio con el fervor de un apóstol, y acabado este término se halló herido de la peste. Vínose al convento para ser asistido de sus hermanos, murió al cabo de seis días que en el convento estuvo […].

Religiosos que feia setmanes que no sortien per a res del convent també s’encomanaren, com el germà donat Francesc de l’Esperit Sant, Obiols (c. 1581-1651), de Berga:

Murió a 15 de junio de 1651 del contagio y fue dentro de quatro días de enfermedad, sin saberse cómo se le pegó, avía algunos meses que no avía salido del convento, sólo se cuydava de ayudar a las missas y tener algún rato las llaves de la portería.

I és que el contagi es transmetia ràpidament dels frares malalts als sans; el mateix dia moria el germà Onofre dels Reis, Guàrdia (1632-1651), de Barcelona, de 19 anys:

Murió a 15 de junio de 1651 de la peste, sirviendo actualmente al P. Fr. Juan del Espíritu Santo, suprior de esta casa. Se avía ofrezido el angelito con toda voluntad a servir los religiosos apestados de este convento y le halló la muerte con tan buena disposición como sirviendo y asistiendo al P. suprior, apestado. Se le apegó la peste de éste y dentro quatro días lo llevó el Señor al Cielo […].

Sis dies després, el 21 de juny, un altre religiós baixava a la tomba, Josep de Sant Ciril, Verdú Oriol (abans 1620-1651), de Barcelona,

de la enfermedad de la peste, en la qual mostró tener grandes deseos de salir a confessar los apestados de la ciudad y dar la vida por el próximo. No le cayó la suerte, por lo que Dios sabe más, es cierto aceptó su gran voluntad […].

La malaltia delmava la població i aquells que l’atenien, i els frares del convent de Barcelona van haver de demanar l’ajut de carmelites descalços d’altres convents catalans, com el de Sant Josep de Perpinyà, d’on procedia Vicenç de la Creu, Veyà (c. 1628-1651), de Montoliu, que després d’una setmana de fer de vicari de Santa Maria del Mar agafava la pesta, i moria el 27 de juny:

Vino de nuestro convento de Perpiñán a esta ciudad para ayudar a ministrar los sacramentos a los apestados de ella, y los ministró con grande exemplo y utilidad de los próximos en el officio de vicario de Santa María de la Mar. Presto alcanzó la palma, pues al cabo de siete o ocho días que hazía este santo ministerio se hirió de la peste.

Si els religiosos sacerdots es contagiaven en la seva activitat pastoral, els germans donats ho feien atenent els malalts del convent. El 29 de juny moria el germà donat Joan de Santa Teresa, Peregrí (c. 1627-1651), de Martorell, “sirviendo a los apestados de esta casa”.

A fi d’evitar la transmissió del mal, de les cases i hospitals on feien llit els empestats a l’interior del convent, i com ja s’havia fet el 1589, s’habilità una caseta adossada per atendre els religiosos contagiats, com descriu la necrologia de Joan de Sant Albert, Guiu (1580-1651), de la Granadella, mort el 16 de juliol de 1651:

Fue confessor y predicador, y grande estudiante. Siempre estava sobre los libros. Leyó algún tiempo escritura escolástica. Fue en ésta muy buen estudiante y lo mesmo fue en la positiva y en la historia, que apenas avía cosa de que no diesse razón, por el continuo estudio que en esto avía puesto. Murió del contagio en una casa pegada al convento, donde se curavan los religiosos apestados y heridos de dicho contagio.

El convent de Santa Maria de Gràcia, als afores de la ciutat, va destinar el germà Pere de la Purificació, Devesa (c. 1624-1651), de Manresa, per a reforçar la cura de la delmada comunitat barcelonina, però acabà sucumbint el 18 de juliol:

Baxó de Nuestra Señora de Gracia a esta casa para servir a los religiosos apestados, dando con gusto la vida por la charidad […] a pocos días […] pegósele el mal contagioso.

A finals de juliol s’espaiaren els òbits i començà a remetre la pesta. El 3 d’agost moria el germà donat Joan de Sant Miquel, Baget (c. 1603-1651), d’Almoster, “del corriente mal de la peste”; i el 6 de gener de 1652, Miquel de la Creu, Talrich (1603-1651), de Prats de Molló, que “murió del contagio con tres o quatro días de enfermedad”.

El darrer cas enregistrat de la pesta començada el 1650, segons el catàleg de religiosos morts en el convent, és el del germà Antoni de Sant Albert (1613-1653), de Palau de Vidre, al Rosselló, que va morir a conseqüència d’un rebrot del mal, el 26 de juny de 1653:

Murió del contagio con solos tres días de enfermedad. Fue muy inclinado a hazer la cozina, por lo que tiene el ministerio de charidad, ocupósse en él casi todo el tiempo que estuvo en la Religión […]. Fue enterrado en la hermita donde enterravan los apestados.

L’epidèmia de febre groga de 1821

L’any 1821 es declarà una nova epidèmia a Barcelona, que uns consideren que va ser de còlera i altres de febre groga. La malaltia va començar a estendre’s al port de Barcelona i al barri de la Barceloneta, procedent d’un vaixell de Cuba. Les autoritats municipals decretaren mesures d’aïllament a les zones afectades i es va habilitar  un llatzeret i campaments als afores per contenir la malaltia als convents de Pedralbes, Sant Jeroni de la Vall d’Hebron, Jesús de Gràcia, i a la falda de Montjuïc. Altres mesures adoptades van ser la localització dels casos i desinfecció de les cases dels difunts, així com l’establiment d’un cordó sanitari al llarg del pla de Barcelona custodiat per l’exèrcit, per impedir l’extensió epidèmica. La malaltia va perllongar-se d’agost a desembre i va deixar prop de 10.000 morts.[9]

En aquesta epidèmia les necrologies dels frares del convent de Sant Josep que s’enregistren en el llibre d’elogis són extremadament concises, fruit de la precipitació del moment, i no proporcionen gaire informació sobre l’activitat desplegada pels religiosos; en la majoria dels casos se centren en donar les dades vitals de la quinzena de religiosos que perderen la vida entre finals de setembre i mitjan novembre de 1821:

21.9.1821 Josep de Sant Francesc, Bataller Ferrés (1762-1821), de Santa Coloma de Farners.

30.9.1821 Josep de Sant Miquel, Major Bori (c. 1763-1821), de Barcelona:

lo encontramos muerto por la mañana, sin que los días antecedentes a su muerte hiviese tenido el más mínimo dolor de cabeza ni señal de calentura.

30.9.1821 G. Antoni de Sant Joan de la Creu, Moner Galán (1759-1821), de Santa Linya.

4.10.1821 Joan de Santa Teresa, Montaner Pers (1768-1821), de Vilanova i la Geltrú.

4.10.1821 Rafael de Sant Joan Baptista, Puigroquer Tauler (1754-1821), de Sant Joan de els Abadesses:

Este padre ha sido víctima de la caridad y el primero que se ofreció ir a la Barceloneta para auxiliar a sus próximos enfermos.

L’any 1809 era conventual de Vic, quan es va produir l’atac de les tropes franceses, i va dedicar-se, en companyia d’Antoni de Sant Isidre, Pou i Alier, a assistir els malalts escampats pels veïnats de Vic, on havia fugit una part de la població a causa de la guerra.

4.10. 1821 Josep de la Consolació, Puigcercós Payrot (1772-1821), d’Alpens:

Este buen padre murió en la Barceloneta por el mesmo fin que el sobredicho P. Rafael, y esto basta para su mayor elogio.

Aquest religiós va escriure una relació dels fets esdevinguts al convent de Vilanova i la Geltrú durant la francesada.

5.10.1821 G. Antoni de Sant Joaquim, Raventós Rogala (1766-1821), de la parròquia del Pi, de Barcelona.

5.10.1821 Jaume de Crist, Cadamada Fins (1766-1821), de Sarrià.

8.10.1821 Pelegrí de Santa Teresa, Castellà Valentí (1755-1821), de Balaguer.

8.10.1821 G. Joan de la Passió (1776-1821), de Porrera.

8.10.1821 G. Francesc de Sant Albert (1764-1821), de Tivissa.

9.10.1821 Josep de Santa Maria, Passarell i Altimira (1760-1821), de Moià. Aquest frare va estar pres a Perpinyà, entre 1809 -1810, on havia estat deportat per les autoritats napoleòniques, juntament amb altres dos carmelites descalços.

12.10.1821 Josep de Santa Liberata, Molins (1766-1821), de Vic.

20.10.1821 Josep dels Dolors, Balcells Pocurull (1753-1821), de Balaguer.

14.11.1821 Manuel de la Santísima Trinidad, Ríos Magallón (1763-1821), de Cunchillos, a Tarazona. Mort de la “violència de la fiebre amarilla, su dolencia ha durado cuatro días, como a la mayor parte de sus hermanos que le han precedido.”

L’agost de 1821 la comunitat de carmelites descalços estava formada per 43 religiosos; emmalaltiren de febres 20 frares, dels quals únicament en sobrevisqueren els 5 que no havien estat atenent els malalts.

Gaspar FELIU I MONTFORT, La clerecia catalana durant el trienni liberal, Barcelona: Institut d’Estudis Catalans, 1972, p. 54.

A més, el convent de Sant Josep contribuí econòmicament, amb 500 duros, a l’emprèstit que necessitava urgentment l’ajuntament de Barcelona per a fer front a les elevades despeses en salubritat, beneficència i seguretat pública derivades de l’epidèmia; aquesta quantitat procedia dels recursos de la Foneria de Lletra d’Impremta, propietat del convent.[10] Malgrat aquesta contribució assistencial i monetària a pal·liar els efectes del contagi, només tres mesos després de declarada l’extinció de l’epidèmia, les autoritats municipals aprofitaren la notable disminució del nombre de frares de la comunitat per intentar la supressió del convent de sant Josep. Finament, el 31 d’octubre de 1822, foren suprimits el convent de Sant Josep i el de Santa Maria de Gràcia. L’entrada dels Cent Mil Fills de Sant Lluís, un contingent francès amb voluntaris espanyols en defensa de l’absolutisme borbònic, va significar un retorn a l’statu quo anterior al Trienni liberal, i la represa de la vida conventual l’any 1824,[11] que només duraria uns deu anys més, fins a la definitiva exclaustració dels ordes religiosos en 1835 i la posterior desamortització dels seus béns.

En aquesta breu panoràmica a través dels llibres d’elogis conventuals hem volgut posar de relleu com els carmelites descalços del convent de Sant Josep contribuïren, al llarg de la seva història, a proporcionar atenció espiritual a les víctimes del contagi en les tres grans onades epidèmiques que sacsejaren Barcelona entre els segles XVI i XIX.

Notes

[1] Gabriel BELTRAN LARROYA, Fuentes históricas de la provincia O.C.D. de San José (Cataluña y Baleares) (Roma: Teresianum, 1986): “Relación del P. Francisco de Jesús María sobre la peste del año 1589 en Barcelona”, p. 433-443; “Relación del P. Diego de la Paz sobre diversos conventos de la provincia”, p. 622-626.

[2] Biblioteca de la Universitat de Barcelona, ms. 991: Annales de los carmelitas descalços de la Provincia de San Josef en el Principado de Cathaluña. La transcripció d’aquest capítol, juntament amb la descripció que fa l’historiador de la pesta de Bellpuig de 1599, està publicada en el treball d’Isidre PUIG; Ximo COMPANY, Els carmelites descalços a Lleida. El convent de Sant Josep, Lleida: Museu de Lleida, 2009, p. 146-152.

[3] Arxiu de la Corona d’Aragó [ACA], ORM, Universitat, vol. 259: Catálogo de los religiosos que han muerto en este convento de nuestro padre San Josef de Barcelona. Els llibres d’elogis contenien les necrologies dels difunts del convent, a manera de memòria exemplaritzant.

[4] Joan MAHIQUES CLIMENT, “Tres carmelites descalços durant la pesta de Bellpuig: reescriptures d’un passatge historiogràfic”, Urtx, 28 (2014) p. 188-201; ÍD., “Fray Pedro de Jesús en el Purgatorio: reescrituras de un pasaje historiográfico”, Hispania Sacra, 68/138 (2016), p. 643-658.

[5] Un estudi d’aquesta pesta a José Luis BETRÁN MOYA, “Sociedad y peste en la Barcelona de 1651”, Manuscrits: Revista d’història moderna, 8 (1990), p. 255-284.

[6] Joan BUSQUETS I DALMAU, La Catalunya del Barroc vista des de Girona: la Crònica de Jeroni de Real (1626-1683), II, Barcelona: PAM, 1994, p. 118, 257.

[7] ACA, ORM, Universitat, vol. 80: Libro segundo de la recepción de los novicios en el noviciado de S. Joseph de Barcelona des del año de 1611 hasta el de 1662, f. 96r.

[8] ACA, ORM, Universitat, vol. 259: Catálogo de los religiosos que han muerto en este convento de nuestro padre San Josef de Barcelona.

[9] Dictamen acerca el origen, curso, propagación contagiosa y extinción de la calentura amarilla que ha reinado en Barcelona en 1821 presentado el excelentísimo Señor Jefe Superior Político de Cataluña en cumplimiento del decreto de las Cortes extraordinarias comunicado a la Nacional Academia Práctica de dicha ciudad, Barcelona, 1822, Barcelona: Imprenta Vda. e hijos de D. Antoni Brusi, 1822.

[10] Albert CORBETO, “Punxonament i foneria al segle XVIII. La fàbrica de lletra d’impremta del convent de Sant Josep de Barcelona”, Revista de Catalunya, 198 (2004), p. 65-102; ÍD., “La fábrica de fundición de letra de imprenta del convento de San José de Barcelona”, Memoria Ecclesiae, 32 (2009), p. 497-522; ÍD., “La fàbrica de lletra del convent dels carmelites descalços de Barcelona”Castell interior [web] (16.12.2014) [consulta: 6.05.2020].

[11] Cayetano BARRAQUER ROVIRALTA, Los Religiosos en Cataluña durante la primera mitad del siglo XIX, I, Barcelona: Imprenta Francisco J. Altés y Alabart, 1915-1917, p. 1174-1176.

[M. Mercè GRAS]

(Imatge destacada: 1821. Febre groga. Aspecte de Barcelona amb els afectats)

Un pensament sobre “Les epidèmies de Barcelona de 1589, 1651 i 1821 i el convent de Sant Josep

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